Muchas veces, mis compañeros de juegos se interesan por mis gustos. Quieren saber qué es lo que me enciende, lo que hace que disfrute del sexo y lo que me vuelve loca.

Es difícil escoger palabras para definirlo, y tengo que advertiros que reducir el placer a fórmulas nunca me ha acabado de convencer. Hay cosas que no se pueden reproducir de una forma automática, no funciona, lo siento, y menos en el sexo. Yo puedo deciros que me vuelve loca follar en el suelo, sinceramente, con alfombra o sin ella, pero no garantizará nada.

En el sexo puede haber consejos, pistas, ideas, pero nada te asegura la jugada, y justamente lo que más me desmotiva a mi, son los tipos que se han leído algún manual, han visto algún video o siguen consejos de pe a pa con la seguridad de que eso les va a llevar al éxito. Cuando se me acerca un tipo y actúa de forma artificial, tengo la misma sensación que cuando llamo a mi compañía telefónica y al otro lado del teléfono responde una voz fría y apática soltándome el rollo que le han hecho memorizar, “Buenos días señora Fosca, le atiende Mari Puri, encantada de saludarle ¿en qué puedo ayudarle?”

Está bien documentarse, pero la experiencia es la madre de la ciencia. En un encuentro sexual, la atención y la implicación, dejando de lado el miedo al rídiculo, creo que te resultarán más eficaces que cualquier manual.

Sin embargo, dicho esto, no quiero dejar de complaceros contando algunas cosas que me ponen…ahí van!

Me gustan los masajes eróticos sin prisas, esos en los que recorremos nuestros cuerpos como si fueran templos sagrados, con la admiración de un niño y la entrega total.

Me gusta cuando no sabemos lo que vamos a hacer en nuestra cita, nos permitimos dudar hasta que nos llega la inspiración, nos inventamos cosas que nunca hubiéramos pensado que haríamos y enloquecemos de placer dejándonos llevar.

Me gusta cuando me follas en la alfombra o mirando por la ventana los mil balcones de Barcelona y el mar.

Me gusta cuando noto tu polla dura y me la ofreces gentilmente, como diciéndome: “Anda, juega con ella un rato, que mira como me la has puesto…”.

Me gusta cuando eres tú mismo, con tus miedos y tus dudas, sin intentar demostrarme nada. Me gusta la autenticidad.

Me gustan tus ingles, es una parte del cuerpo que me seduce.

No me gustan los hombres completamente depilados, pero si te recortas un poco los pelos del sexo mejor.

Me gustas desnudo por dentro y por fuera, con tus imperfecciones y tu belleza, tus defectos y tus virtudes. Me gustas entonces porque eres real.

Me gusta cuando me pones como una moto con un solo gesto o una palabra, sin darte cuenta, sin pretenderlo.

Me gusta cuando no te obsesionas en ponerme caliente,  sino que dejas que mi fuego se encienda lentamente y confías en mi inherente capacidad por despertar la más pura sensualidad.

Me gusta cuando me follas como un animal y también cuando te mueves lentamente. Me gustas tú.

Me gusta cuando me metes las manos debajo de la falda y me tocas el culo, sobre todo cuando no llevo bragas.

Me gusta morderte y que me muerdas.

Me gusta que me lamas el coño desde detrás y que me lo refriegues con tu pierna.

Me gusta verte pasar con tu ademán elegante.

Me gusta cuando me miras intentando descifrar mis códigos.

Me gusta cuando me sorprendes confesándome tus gustos extraños o excéntricos.

Me gusta cuando me transformas en una viciosa que no puede dejar de chuparte la polla.

Me gusta el sexo en grupo y me encanta el sexo con mujeres. Me gusta ver follar a la gente en los clubs liberales y escuchar sus gemidos.

 

 

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Me encanta provocar.

Me gusta cuando te pones trascendental así como cuando te tomas la vida a la ligera, follando como si fuera el último polvo de tu existencia o partiéndote la caja mientras me clavas la verga.

Me gusta cuando me agarras fuerte de los pelos y me llevas al límite “killing me softly”…

Me gusta esnifar profundamente tu cuello y absorver tu embriagante olor.

Me gusta notar tu cuerpo rendido encima del mío después de corrernos, aplastándome con todo su peso.

Me gusta cuando me inmovilizas los brazos con decisión.

Me gusta que sepas perder completamente el norte y a la vez tocar de pies al suelo.

Me gusta que me agarres los pechos con toda la mano (nada de cosquillas en los pezones, por favor!).

Me gusta el sexo, me gustas tú.

 

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