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Un año más han puesto las luces en las calles sin avisar. No nos han dado tiempo a recapitular un poco, situarnos y aceptar que otra vez es Navidad. Quizás si lo hicieran, celebraríamos más espaciadamente que nació ese personaje llamado Jesús. Quizás no lo volveríamos a celebrar nunca, porque si hay que esperar a que todos aceptemos que nos hacemos viejos, vamos mal.

Y así sucede, ¿verdad? Nos encontramos caminando por la Diagonal cuando nos han instalado de techo unas onomatopeyas que brillan y dicen: “Nyam, Nyam”, “Xin, Xin”, “Glup, Glup”…etc. Muy originales, señores, no veas cómo se lo han currado, pero ¿es necesario tanto derroche?

Me paro un poquito a observar la exposición de originalidad navideña, como para terminar de decidir qué pienso sobre ello, y termino como siempre intentando no pelearme con la vida. “Son bonitas”, me digo. “No seas tan radical, va bien un poco de alegría en las calles…”  y continúo andando poco convencida.

Y así llego a casa y decido destaparme y darle a la Navidad mi toque sensual entonando aquella versión que cantaba un amigo mío de “El Desembre congelat”, decía así:”El Desembre congelat, m’ha glaçat la fava…”

Y me tomo una foto con mi tanguita de Papanuela y el culo en pompa para vosotros. Ésto sí que es darle alegría al asunto. ¡¡Felices fiestas!!

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